Alma


Abandónate al olvido.
No recuerdes nada.
Esa es la mejor anestesia para el alma.
Eres consciente de que sólo es tranquilizante,
que sólo alivia,
que no arregla.
Pero hay veces que es mejor dejar de sufrir,
aunque sea por un rato, 
porque así te aseguras recuperarte,
y ser tú ahora el cabrón,
y devolvérsela a la vida.




Fotografía: Alessio Albi