Oye, ¿por qué?



- Oye, ¿por qué no te levantas?
¿por qué sigues ahí?
¿No tienes nada por lo que vivir?

¿Por qué estás tan triste?
Mira. la Luna brilla hoy por ti,
pero el cielo está roto, 
sabe que no estás bien.

Pero aun así es bonito.
¿Por qué algo tan bello
puede llegar a ser tan triste?

¿Por qué no todo simplemente es alegre?

¿Por qué no sonríes?
Te ves bien cuando lo haces.
Y dicen que es muy sano,
y a ti te gusta lo sano,
aunque no te lleves bien con el deporte.

¿Y los colores de tu ropa?
Echo de menos esa camiseta con muchas estrellas,
y los zapatos brillantes a juego.
Ahora todo es negro,
y aburrido,
aunque digas que es elegante.

Ni siquiera juegas conmigo,
y eso que la consola te encanta,
y más si es para superar tus marcas...
pero ahora tu mando está cogiendo polvo.

¿Por qué?


- Son cosas de mayores enano,
y ahora deberías de irte a dormir,
mañana tienes clases y debes atender.


- Me niego.
Prefiero atenderte a ti
que a un aburrido profesor.

Prefiero saber que tu estás bien,
antes que irme a dormir.

- Todo está bien, pequeño filósofo. 
Todo estará bien.



***
   La mirada de un niño es tan simple y extraordinaria que debía reflejarla mientras habla de los cambios de un "adulto". Os dejo a vosotros que sea alguno de los padres, algún hermano, o algún conocido, porque es posible que incluso el pequeño hable contigo.